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Cómo Vencer el Miedo a Hablar en Público

Como vencer el miedo a hablar en público

Se dice que el principal temor de las personas incluso por encima de la muerte… es el miedo a hablar en público. Aunque no se conoce realmente el origen de esta afirmación, puedo asegurar con base en mi experiencia personal que efectivamente, el miedo a hablar en público es uno de los principales temores de la gente.

¿Cuál es el miedo real?

Michael Jordan solía decir que el miedo es una ilusión y que sólo existe en nuestras mentes. Tal vez te sorprendería saber que la mayoría de nuestros miedos en la vida no tienen fundamento. A veces tememos perder lo que tenemos o tememos perder incluso aquello que no tenemos aún. El temor a no conseguir nuestras metas, a equivocarnos, a hacer el ridículo, a ser juzgados y el miedo a hablar en público encabezan la lista de nuestros temores.

Sin embargo, los efectos del miedo son reales y se manifiestan en nuestra vida diaria de varias formas. El efecto más común del miedo es que nos paraliza. Si alguien se presentara ante nosotros con una extraordinaria y legítima oportunidad de inversión, pero si resulta que no conocemos a la persona, seguramente el miedo de perder nuestro dinero impediría que tomáramos la decisión de invertir.

El miedo a hablar en público en realidad es la suma de varios miedos.

  • Miedo a equivocarme (decir algo inapropiado)
  • Miedo a hacer el ridículo (si me equivoco, la gente se reirá de mí)
  • Y miedo a ser juzgado (la gente pensará que soy un tonto por lo que dije)

Analicemos por separado cada una de estas tres situaciones.

Miedo a equivocarme

En primer lugar te tengo noticias, TODOS nos equivocamos. Es parte de la naturaleza humana. Mejor dicho, es la única herramienta de aprendizaje que nos dio la naturaleza. Equivocarnos es la parte primordial de la fórmula “Prueba y Error”. Intentamos algo, no funciona, luego aprendimos algo en el camino.

El mejor ejemplo es la legendaria anécdota de Thomas Alva Edison. Para lograr que su lámpara incandescente funcionara tuvo que fracasar más de 3,000 veces. ¿Lo puedes siquiera imaginar? Más de tres mil experimentos fallidos antes de llegar al resultado deseado. Conozco a personas que se rinden incluso ANTES de empezar cualquier proyecto.

Vivimos en una sociedad que condena los errores de una forma muy severa. Desde pequeños en la escuela aprendemos que es mejor quedarnos callados. Contestar erróneamente una pregunta del profesor nos hacía ganar una andanada de burlas y abucheos de parte de nuestros compañeros de clase. Este “trauma” prevalece en nuestro subconsciente aún en nuestra edad adulta y juega un papel fundamental a la hora de hablar en público.

Miedo a hacer el ridículo

Te tengo noticias… TODOS… OK, OK, ya sabes por dónde va la cosa. A lo largo de nuestra vida si no desarrollamos la capacidad de reírnos de nuestros propios errores, llevaremos sobre nuestros hombros una carga demasiado pesada.

Imagina que eres un conferencista y estás ante una audiencia de dos mil personas. De repente, dices el peor disparate que te puedas imaginar causando la risa de todos los asistentes. ¿Qué pasaría si de todas las personas en la sala, tú eres la que se ríe más fuerte?

Si en lugar de sonrojarte y sumirte en la vergüenza por tu error tú eres la primera persona que lo toma con un genuino sentido del humor, ¡Tu audiencia lo disfrutará! Será un excelente momento para liberar tensión o aburrimiento, y más adelante en tu discurso podrás referirte a esa situación de nuevo haciendo que tu audiencia disfrute más de tu charla.

Miedo a ser juzgado

En la gran mayoría de los casos, diría que en un 99.99%, quién emite el peor juicio acerca de nuestra persona… somos nosotros mismos.

El gran temor que vive en lo más profundo de nuestro subconsciente es el temor a ser rechazados. En la antigüedad uno de los peores castigos que una persona podía sufrir era el destierro. Lo que los demás puedan llegar a pensar de nosotros nos hace actuar a veces de forma completamente irracional. Este es un tema en el que deberíamos profundizar en otra ocasión. Existe más de una percepción con relación a nuestro ser.

  • Quienes realmente somos.
  • Lo que los demás creen que somos.
  • Lo que nosotros creemos que somos.

Todos y cada uno de nosotros vivimos para sostener la imagen que hemos creado de nosotros mismos y al mismo tiempo pensamos que esa es la imagen que los demás tienen de nuestra persona.

El patrón de conducta que nos rige suele ser heredado de nuestra familia y del medio ambiente que nos rodea. Afortunadamente los seres humanos tenemos la capacidad de evolucionar constantemente y de ganar mayor consciencia. De tal suerte que hoy, no somos exactamente la misma persona que éramos hace un año o dos.

Mientras mejor nos conozcamos a nosotros mismos, menor importancia le daremos a lo que los demás piensan de nosotros. No recuerdo donde leí la siguiente frase, pero me parece bárbara. Dice más o menos así: ¿Quién puede tener el descaro de juzgar al prójimo cuando el mismo Dios lo juzgará hasta después de su muerte?

Al final del día, lo que los demás piensan de nosotros es problema de ellos.

El miedo a hablar en público reside en el interior

Como puedes ver, lo que sucede en el exterior de una persona que tiene miedo a hablar en público (palmas sudorosas, temblor de rodillas, voz entrecortada etc) tiene que ver con lo que sucede en su interior.

Es por eso que las recomendaciones para tratar de controlar el nerviosismo no surten gran efecto. De hecho, tratar de controlar el miedo a hablar en público es algo completamente equivocado.

Hace más de 30 años que hablé en público por primera vez. Si bien el grado de nerviosismo es mucho menor hoy en día, nunca desaparecerá por completo. Lo mismo te pueden decir oradores profesionales alrededor del mundo.

Los nervios que sientes antes de hablar en público te darán el impulso que necesitas para transmitir tu energía y establecer una conexión con tu auditorio. Para conectarte con tu audiencia necesitas una carga de energía adicional y tu cuerpo y tu mente lo saben. No evadas los “nervios”, no trates de controlarlos, sólo canalízalos. Úsalos a tu favor.

7 consejos clave que te ayudarán a superar el miedo a hablar en público.

  1. Domina el tema del que vas a hablar. Uno de mis maestros me dijo una vez “si vas a hablar 10 minutos de un tema, asegúrate de poder hablar de él por lo menos una hora”. Cuando tienes amplio dominio de un tema la gente lo nota inmediatamente. Esto te permite ir al grano y encontrar la forma de comunicar tu mensaje de una forma en que le sea útil a tu auditorio. La peor sensación de inseguridad y el miedo a hablar en público provienen de la falta de conocimiento sobre el tema en cuestión.
  2. Estructura tu charla. Tu discurso debe tener un preámbulo breve, un cuerpo o desarrollo y una conclusión. Cuando tu discurso tiene una estructura, sabrás cuándo vas a terminar. Esto evitará que vayas en círculos, evitará las redundancias y llevarás a tu audiencia de la mano de principio a fin.
  3. Sé tú mismo. No temas mostrarte ante una audiencia tal y como eres. Las poses fabricadas no te ayudarán a conectarte con tu audiencia de forma íntima. Mostrarnos tal y como somos implica sentirnos vulnerables. Esta sensación sólo durará unos minutos. Cuando notes la aceptación de tu audiencia te sentirás más confiado y a gusto contigo mismo.
  4. No leas tu discurso textualmente. La improvisación es un arte que lleva tiempo en desarrollarse, pero puedes apoyarte en tarjetas en las que puedes anotar los puntos clave que debes cubrir. Un discurso leído rara vez trasciende. Si de todas formas decides hacerlo, no claves tu mirada en las hojas del guion a lo largo de toda tu presentación. Lee por adelantado lo más que puedas y di lo que tengas que decir de frente a tu audiencia. Especialmente en las partes más importantes de tu discurso. Esto requiere de práctica previa.
  5. Haz tu discurso entretenido. De ser posible ilustra tu discurso con ejemplos y anécdotas personales (sin abusar).
  6. Primero convéncete a ti mismo. Para que tu comunicación sea efectiva, debes estar convencido de la importancia de la información que estás a punto de comunicar. No debes “sonar convincente”, debes SERLO.
  7. En el cierre de tu discurso invita a tomar acción. Piensa en cuál fue el motivo de tu discurso en primer lugar. Tu audiencia ya escuchó lo que tenías que decir, ¿Ahora qué? ¿Qué es lo que quieres que hagan con la información que les has proporcionado?

Resumiendo

Por último, como todo en la vida, la práctica hace al maestro. El objetivo real no debería ser evitar o superar el miedo a hablar en público, sino mejorar tus habilidades para hacerlo.

Aprovecha cualquier oportunidad que tengas para hablar en público. Un brindis en una fiesta, una exposición en tu trabajo, una presentación de ventas etc. El abanico de posibilidades es muy amplio.

Al mejorar tus habilidades de comunicación te sentirás más seguro, dejarás de preocuparte por lo que tienes que decir y empezarás a poner atención a la forma en que una audiencia responde a tus palabras.

Con el tiempo irás desarrollando ciertos puntos de referencia que te permitirán mantener viva la atención del público durante horas.

Hablar en público puede ser algo divertido y gratificante. Pero sobre todo, cuando recibimos una retroalimentación ya sea positiva o negativa, es cuando se presenta una oportunidad adicional de crecimiento. Aprovéchala al máximo.

 

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